O caso:

Chámase Rocío Sánchez, unha rapaza cega chea de vida e profesionalidade. Aprobou unhas oposicións, e a Administración, recuando nas súas decisións, agora empéñase en que se xubile como sexa. Dende aquí unha patadiña a quen se empeña en exercer o mal arte da burremia e un abrazo solidario a unha magnífica rapaza que ben merece algo máis que os cardos que se lle achegan.

Vivir con diversidade funcional

Imaxe: dous loitadores de sumo, un profesional como unha mole e un raparigo miúdo pequerrecho.

(Imaxe: dous loitadores de sumo en desigual contenda).

Vivir con diversidade funcional non é doado, pero as cousas complícanse moito máis cando hai persoas empeñadas en pór trabas adicionais. Cando unha moza cega estuda na universidade, aproba unha oposición é pasa a ser mestra de secundaria e comeza a traballar como profesora, está claro que xa ten pelexado moito nesta vida e que merece como mínimo que a respecten. O que baixo ningunha das circunstancias se pode permitir é que, porque unha Administración insensible e incompetente non lle queira proporcionar os apoios necesarios para realizar o seu traballo, lle diga que ao ser cega é un problema para traballar e que con 29 anos ten que xubilarse. ¿Daquela por que aprobou as oposicións que a propia Administración convocou e avaliou? Non hai dereito, isto é unha auténtica barbaridade! Pero en que mundo vivimos? E logo fálase dende a Administración de igualdade de oportunidades, da non discriminación , da inclusión, da integración…

Se queredes podedes seguir o caso desta moza gaditana a través do seu caderno de bitácora no que nos conta como chega a esta inxusta situación. Deséxolle a Rocío que teña as suficientes forzas para loitar polos seus dereitos e ser quen de darlles unha lección de xustiza á xente que lle fai tan dura a súa existencia.

A carta:

Carta de Rocío Sánchez.

Estimados lectores:

Mi nombre es Rocío, tengo 29 años y soy ciega. Soy licenciada en Filología Hispánica y Traducción e Interpretación por alemán. En 2004 aprobé las Oposiciones al cuerpo de profesores de Enseñanza Secundaria, por la especialidad de Música. Estuve trabajando cuatro años por diferentes pueblos de Granada, donde me fue bastante bien por contar con una serie de servicios que esta capital ofrece: voluntariado de la ONCE para lectura y corrección de exámenes, proporción del material tiflotécnico necesario, técnicos de rehabilitación visual, etc. Aparte, el hecho de vivir en esta ciudad me suponía mucha independencia. El curso 2007-2008 pude disfrutar asimismo de un profesor de apoyo asignado por la Consejería de Educación, que me acompañaba en el aula dos días en semana. Los tres restantes los pasaba con otro compañero ciego que estaba destinado en un pueblo cercano.

Sin embargo, todo cambió el curso 2008-2009, cuando me adjudicaron destino definitivo en la pedanía jerezana de Guadalcacín. Al tratarse de un pueblo pequeño y con no muy buenas comunicaciones de autobuses me vi aislada; aparte de esto, la ONCE de Jerez no ofrecía servicio de voluntariado para lectura de exámenes y documentos. Solicité un apoyo a la Administración, que me fue denegado. Curiosamente, a mi compañero de Granada le ha sido concedido: su asistente acude al aula todos los días. ¡Y se trata de la misma Consejería de Educación! Pero en Granada se contempla tal apoyo y en Cádiz no; no me pregunten por qué.

En el pueblo me sentía un poco acosada porque mis alumnos vivían allí al lado, sabían todos mis movimientos y alguno incluso me amenazó cuando lo advertí de una amonestación escrita por mal comportamiento: “Oye, que sé dónde vives”. La disciplina en el Instituto dejaba mucho que desear. Me vi sola y sin recursos, pues no disponía de nadie para lectura de exámenes; me resultaba difícil acceder a los servicios más elementales por encontrarme en un pueblo pequeño, etc. Todo esto hizo que me diese de baja a finales de octubre. En febrero me citó la Asesoría Médica de la Delegación de Cádiz. El Inspector Médico que me vio no me dio opción a nada: apenas hube ocupado la silla frente a él me espetó que mi problema no es la depresión, sino la ceguera y que ahí lo que procedía era enviarme al tribunal de incapacitación; es decir, jubilarme. Intenté rebatirle: no era posible que ellos me hubiesen dado la plaza y ahora me la quisieran quitar; por ley se reserva un número de plazas para discapacitados; hay otros ciegos trabajando y algunos disponen hasta de apoyo por parte de la ADministración; en otros centros con más recursos podría desempeñar mi trabajo perfectamente… Le hablé de mis planes de solicitar comisión de servicios a Granada. “Olvídate de eso -interrumpió de muy mala manera-. Aquí lo único que tenemos es un puesto de destino y una persona que no puede desempeñar su trabajo en dicho puesto”. Sobre el apoyo que está recibiendo mi compañero, dijo simplemente que “no se contempla”.

La comisión de servicios me fue denegada. Claro, la Asesoría Médica de Cádiz era la encargada de supervisarla. Recurrí y también me denegaron el recurso. En junio pedí el alta, que tampoco me aceptaron. Ahora sigo de baja esperando a que el Tribunal de Incapacitación dictamine si va a jubilarme o no o bien a que la Consejería de Educación me ofrezca otra respuesta.

Sobre todas estas peripecias hablo en mi blog:
http://viviraciegas.blogspot.com

Les agradezco sinceramente su atención.
Rocío Sanchez.

A entrevista na radio

Lamentamos ter este enlace tan pouco accesible ao audio, non atopamos polo de agora outra alternativa pero paga a pena escoitala, trátase dunha entrevista que lle fixeron a Rocío na radio:

Os enlaces:

Aquí unha pequena escolma dos enlaces a este artigo para ampliar a información: